miércoles, 12 de julio de 2017

Kintsugi

En la cultura japonesa existe una técnica, el kintsugi, que significa “carpintería en oro”. Surgió en el siglo XV, cuando el emperador envió a arreglar unas tazas que apreciaba mucho y fueron reparadas toscamente, con grapas. El emperador volvió a pedir que las arreglaran, demostrando el respeto que merecían esas piezas. Entonces, los artesanos unieron los trozos con resina mezclada con oro. El resultado fueron unas tazas más fuertes, más bellas y únicas, pues sus roturas no eran iguales a las de ninguna otra pieza de cerámica.

El kintsugi se puede aplicar también a las personas: cada fracaso, cada rotura, se puede reparar toscamente, o se puede ocultar el daño y fingir que no está aquí. El resultado será una cerámica débil, con grietas, que ya no podrá cumplir su propósito. Sin embargo, también se puede reparar con comprensión, cariño, con el amor de los demás y a uno mismo, y a través de la oración. Esta reparación dará lugar a una persona más compleja, pero también más fuerte, cuyos defectos y fracasos la hacen única, cuyas cicatrices reflejan lo que ha vivido y lo que ha aprendido.

Expansión - Paige Bradley

He estado nueve días intentando comprender que mis errores, que mis equivocaciones y mis fallos, todos los dolores que acumulan mi cuerpo y mi mente, son las grietas que me hacen única. Que antes de romperme, todo era más fácil, pero también menos intenso y menos bello. Que no debería intentar olvidar ni ocultar las cosas que no hice ni las que hice mal, las cosas que me han moldeado a golpe de martillo, sino que debería hablar de ellas y enorgullecerme, porque sobreviví. Porque aprendí. Porque con tiempo, mucho tiempo, las he rellenado de resina y oro. Me he hecho más fuerte, más bella y más única gracias a ellas.

No debo esconderlas.

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